Un script que ahorra veinte minutos al día vale más que una personalidad construida alrededor de «ser la persona de la automatización». Lo primero acumula beneficios. Lo segundo hay que defenderlo en reuniones.
La regla a la que siempre vuelvo: automatizar primero los pasos aburridos, reversibles y bien entendidos. Dejar las decisiones de criterio a una persona hasta que el sistema se haya ganado el derecho de tomarlas sin supervisión.